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Aplicando Fitosanitarios con el Tractor

Han sido unos meses de locura, por lo menos en lo que a Galicia se refiere, en el mundo de los fitosanitarios, la entrada en vigor en noviembre del 2015 del Real Decreto 1311/2012 que pretende conseguir un uso sostenible de los fitosanitarios, ha traído de cabeza al sector profesional del vino y de la huerta en nuestra comunidad y en el resto de España, y tambien, a muchos otros pequeños productores y agricultores de autoconsumo, que, ante la duda y el riesgo de la sanción, se han visto abocados a recibir una formación y superar unas pruebas que en muchos casos superaba sus necesidades, y por qué no decirlo…. Sus posibilidades. La duda que ha surgido y por la que me han preguntado en infinidad de ocasiones, incluso personas que habían superado dicha formación básica y aprobado el correspondiente examen, era si realmente necesitaban ese requisito para realizar aplicaciones en su pequeño huerto de autoconsumo. La respuesta no era sencilla, y las dudas, a veces intencionadas, creadas en la sociedad hicieron que el por si acaso llenase aulas de formación de personas más temerosas por la sanción que preocupadas por un uso responsable y sostenible de los fitosanitarios. En el mejor de los casos asistiendo a un curso de 25 horas con un examen final complejo que superaba en muchas ocasiones lo que habían podido adquirir en la formación; pero en el peor de los casos llenó autobuses en una peregrinación de miedo y necesidad, de aquellos que por trabajo u otras ocupaciones, no podían permitirse asistir durante 25 horas a un curso presencial y vieron la posibilidad de sacarlo en la vecina provincia de León en un solo día, coincidiendo con el fin de semana, cursos que en alguna ocasión recibió la inesperada visita de la Guardia Civil para constatar que de la parte a distancia de la formación, que Castilla León permite como complemento, muchos de ellos nada sabía y su avanzada edad y su nulo manejo de las nuevas tecnologías ya hacía presagiar que detrás de esos cursos exprés había gato encerrado.

El objetivo de este artículo es intentar dar respuesta a la pregunta planteada en el título ¿Es necesaria esta formación para un pequeño agricultor que tenga un huerto para su consumo?, para dar respuesta a esta pregunta, y así evitar entrar en el terreno de las interpretaciones vamos a ceñirnos a la norma de referencia antes citada RD 1311/2012. Esperemos que sirva para arrojar algo de luz y despejar algunas dudas… al igual que seguramente alguno lleve más de un disgusto recordando un tiempo que si bien no fue perdido… para nada era necesario.

 

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Caldo Gallego - El sustento de muchas generaciones

Antes de profundizar en la explicación científica para este gran consejo de abuelos, tenemos que ponernos en situación. Hoy el caldo es un plato del día para muchas familias y muchos establecimientos, que se hace y se consume de forma inmediata, pero durante siglos el caldo fue el plato diario y la base alimenticia para las familias gallegas y de otros lugares de España. El caldo se hacía un día y se consumía durante varios, en potes o ollas enormes que colgadas en la lareira mataban el hambre durante toda la semana o incluso más días.

Siendo como era la base de la alimentación de las familias, independientemente de la época del año, se consumía caldo ya fuese invierno o los meses más calurosos de verano (Los tejeros del Baixo Miño, que trasladaron el arte de hacer teja y ladrillo por toda España, tenían por desayuno, comida y cena el caldo Gallego, siendo su época de trabajo los meses de más calor del año, de mayo a octubre), era por tanto fundamental asegurar la conservación de este maná de forma correcta y evitar la tragedia que suponía perder el sustento de toda la casa, y para ello no disponían de todos los métodos de conservación de los que ahora disponemos, nevera, vacío, congelación, etc., sino que debían valerse de la experiencia, su empirismo y esos sabios consejos, aunque rodeados de un halo místico y oscuro que le daba más apariencia de superstición que de regla, pero que no por ello nuestros ancestros dejaron de seguir a pies juntillas, porque lo que funciona… debe respetarse, sean cosas de magia, de meigas o simplemente un resultado natural y científicamente demostrable. Por todo ello la gente tenía claro que hervir a diario el pote o la olla de caldo evitaba que se estropeara, la mal llamada fermentación del caldo, o, como se indica en muchos lugares de Galicia el caldo “quecía”.  Incluso dependiendo de las zonas y las épocas del año se indicaba que no era suficiente con un hervido diario sino que este debería hervirse de forma completa al medio día y por la noche, momento en el que también se daba buena cuenta de el, porque incluso sólo hacerlo al medio día podría estropear el nutritivo brebaje bajo ciertas circunstancias.

 

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Cromo Kasado - A lareira en Galicia

La comida ha sido durante muchos años el centro de la vida familiar, todo el esfuerzo común buscaba asegurar un aprovisionamiento completo de comido que permitiera dar respuesta a las necesidades familiares. Por tanto la preocupación por este elemento vital ha estado siempre muy presente en el imaginario popular, dando lugar a consejos, leyendas y dogmas que han sido férreamente seguidos por nuestros antepasados cercanos, pero que sin embargo enraízan seguramente en la noche de los tiempos, y se afianzan en el empirismo, el misticismo y el boca a baca, convirtiéndose ya en dogmas que, sin conocer su causa, nadie intenta poner en duda, ni se arriesga a contravenir.

Existen multitud de estos dogmas sobre conservación, cocinado y mantenimiento de alimentos, esparcidos por toda la geografía española, aunque en esta serie de artículos predominarán aquellos de Galicia, primero por mi zona de referencia y en la que desarrollo la mayor parte de mi actividad profesional, y segundo, porque si hay una tierra donde los mitos y leyendas tienen mayor arraigo, esa es sin duda Galicia, tierra donde las meigas, los trasnos y otras criaturas son las culpables de todos los males de las casas, y que mayor mal puede haber que perder o estropear el sustento de toda la familia …

 

Almeja gallega, la mejor del mercado

Nadie duda de la inmejorable calidad del marisco gallego, mejillones, almejas, berberechos y demás manjares de nuestras rías inundan de sabor, frescura y calidad las despensas de los mejores restaurantes de Europa e incluso del Mundo. Un éxito rotundo, que además de admiración y reconocimientos, está cosechando envidias y zancadillas por parte de otros países productores, que no ven con buenos ojos que, la pequeña y apartada Galicia, conquiste el mercado con el fruto de su esfuerzo e inmejorables condiciones naturales que sus rías ofrecen.

A países como Italia o Francia ya no le basta con sacar a pasear su maquinaria mediática, rancia y amarilla, para atacar a nuestro producto, cuando los duros episodios de marea roja cierran nuestros bancos marisqueros, sembrando dudas sobre nuestro sistema de control y asustando de forma infundada a un consumidor, que ante la ausencia total de conocimientos, no tiene más remedio que creer a una prensa, cuyo único objetivo es hacer hueco a su producción patria, que sin esas artimañas difícilmente podría hacerle sombra al reconocido marisco gallego. Viendo sin embargo lo poco fructífera que resulta su estrategia, en los últimos tiempos cambian su táctica e inundad los sistemas de control alimentario europeo de alertas sanitaria sobre nuestras exportaciones, primero fueron alertas sesgadas y en ocasiones poco serias sobre excesiva contaminación bacteriana de moluscos bivalvos vivos, contaminación que dicho sea de paso... bien podía deberse a deficiencias térmicas en el transporte o almacenamiento a la llegada al país de destino de la mercancía... viendo la poca consistencia de las mismas, ahora se lanzan a la búsqueda de patógenos que se encuentran fuera de los programas de control como es el caso de NOROVIRUS. Un antiguo compañero de viaje al que nuestros competidores intentan sacar punta y partido, con el fin de desacreditar y menospreciar a nuestros producto, despertando el miedo en un consumidor al que las patologías y los nombres raros no le despiertan simpatía ni tranquilidad.

Espero que este articulo sirva para arrojar algo de luz sobre este riesgo alimentario y a la vez desmontar el teatro que, incluso con ayuda de la prensa Gallega, que estas últimas semanas ha actuado de correveydile de aquellos que quieren atacar a sus vecinos ... esparciendo un poco más de miedo desde artículos poco serios y con escaso fundamento, que no han conseguido otra cosa que hacerle el juego a quienes tenían que haberle puesto las cosas claras y defender lo nuestro desde la honestidad, el respeto y sobre todo el conocimiento técnico ... algo que yo, intentaré en la medida de mis conocimientos... y aunque parezca partidario... no puedo menos que empezar diciendo que tenemos EL MEJOR MARISCO DEL MUNDO!!! si no lo defendemos nosotros... mal asunto.

 

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Cuando esta a punto de cumplirse un año de la entrada en vigor del Reglamento Europeo 1169/2011, la mal llamada, ley o normativa de alérgenos cuando debiera llamarse normativa de información al consumidor sobre productos alimenticios, creemos que ya tenemos un espacio muestral suficiente como para poder valorar la aplicación de la norma, y , desgraciadamente, debemos indicar que el cumplimiento no ha sido homogéneo, ni todo lo bueno que cabría esperar de una normativa tan importante.

Las prisas, el desinterés, la mala información, los comerciales agresivos, entre otras, pueden haber sido la causa del problema, que pocos visos tiene de solución a corte medio plazo, los errores son a veces tan flagrantes, que más han venido a complicar que a solucionar un problema a los alérgicos... algo que para nada perseguía la normativa en cuestión. En este artículo repasaremos los 10 errores más comunes y graves, cometidos por bares y restaurantes a la hora de dar cumplimiento a la normativa citada. En algunos de los puntos utilizaremos el humor, más bien la ironía propia de la resignación,  para tratar un tema más seria de lo que muchos se creen... todo desde el mayor respeto y comprensión hacia las personas que tiene la mala suerte de padecer trastornos de alergias o intolerancias alimentarias, que a lo postre son los sufridores de estos, muchas veces inexplicables, errores...